Intimo: Viene del vocablo latino “intimus”, donde “inti”=interior. “mus” es el superlativo. Quiere decir intimo es LO MAS interior, lo que está más adentro.
Intimidad: cualidad de ser intimo, es decir, de ser o estar en lo más adentro.
En el contexto emocional, la intimidad es la capacidad de compartir desde lo más adentro de nosotros mismos. Desde lo más reservado, lo mas privado, lo más profundo. Es compartir desde adentro del último bastión donde guardamos el frágil y asustado YO, desde adentro de las últimas murallas de defensa que aprendemos a construir para protegernos del dolor producido por el rechazo, la crítica, el abandono, la agresión, en fin, del dolor producido por el desamor.
Para intimar es indispensable que aceptemos y valoremos “eso” que somos por dentro, esa esencia, ese YO, que es lo que queda allí expuesto, sin disfraces ni murallas. Que no nos avergoncemos, que no nos detestemos; sino por el contrario que nos gustemos e incluso, nos amemos, y por qué no, hasta que estemos orgullosos de mostrarnos y compartirnos!
La intimidad es la piedra angular del amor. Quien no tiene capacidad de intimar, de dejarse estar en su máximo estado de vulnerabilidad ante otro y desde allí, establecer conexión, no puede amar verdaderamente. Puede enamorarse, puede apasionarse y hasta obsesionarse, pero no puede amar.
Se cierra entonces el círculo, para amar al otro necesitamos ser capaces de intimidad, y para ser capaces de intimidad, necesitamos amarnos a nosotros mismos.
El segundo mandamiento: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” cobra total sentido…
Un molificación actual: "Amate a ti mismo como tratas de amar al prójimo"
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